Al parecer existe una consecución de acciones y elecciones no precisamente cargadas de raciocinio, relacionada a optar por los mismos de siempre a la hora de confianzas del poder, mayormente para seguir en frustraciones.
Es el error repetido de confiar en quienes mostraron en gestiones y administraciones que están muy lejos de la honestidad y transparencia, en el uso de la cosa pública, lo que sostiene todo en mediocridad y malvivencia de guante blanco.
Y es así que se perpetúa el ciclo de corrupción, pero por elección de la mayoría ciudadana.
La comunidad no puede esperar algún revolucionario cambio de realidades si prefiere a mentirosos rufianes, ladrones en pandemia, y despilfarradores de recursos comunales. El mismo equipo de malvivencia como propuesta de cambio, es como presentar a seis y media docena como diametralmente opuestos.
El pueblo debe prestar atención al presente para invertir en su futuro inmediato. Evaluar labores de instituciones, si ellas fueron capaces de dar respuestas efectivas a los problemas sociales, y si las inversiones tuvieron criterios de lo debido en lo técnico y económico. Si los referentes municipales hacen coincidir dichos con hechos; si cada centavo del dinero del contribuyente se ha utilizado con un celoso custodio; si se ha cumplido con promesas y por sobre todo si se actuó de buena fe en adjudicaciones y reversiones de la plata de la gente.
Una correcta autoridad, llámese intendentes o concejales, debe indefectiblemente ser íntegro, caso contrario no es más que escoria calcada.
No es difícil contrarrestar realidades con falsedades. Cada denuncia presentada a estamentos contralores y de justicia, deben reunir requisitos infranqueables, como la verosimilitud, y bajo el efecto de ser sancionado sino son hechos punibles los reclamados, por lo que la existencia de imputaciones, es uno de los elementos que sirven para evaluaciones. Otro punto oportuno para examinaciones sobre gestiones consiste en ver más allá de propias narices, pues si hay concordancia con excelencias, cuanto menos la ciudad estaría limpia, con caminos en buen estado y servicios públicos de alto nivel.
De la misma forma, un detalle que no puede quedar como accesorio, tiene que ver con el crecimiento patrimonial de quienes se encuentran en el ejercicio de mandos comunales, pues no es factible, al menos legalmente, que ello sea exponencial. Si se pasa de lo normal a lujos, es porque se robó y ello puede confirmar la matemática simple.
Sin el fanatismo, se puede tener una visión integral de lo que sucede desde estamentos de mando, y por ende elegir debidamente. Repetir errores es de necios, confiar en embaucadores es de inocencia absurda.
El ciudadano debe estar informado, e interesado sobre su propia suerte, existiendo siempre oportunidades para revertir malas decisiones. Ser engañado más de una vez, acrecienta méritos para padecimientos por la mediocridad institucional. La responsabilidad por autoridades de baja monta es del pueblo.
