La Fiscalía del Medio Ambientes es “muy valé” para perseguir a humildes trabajadores y pequeños comerciantes que lavan bidones en un taller improvisado, para ganarse el pan de cada día. Sin embargo, cuando se trata de sojeros, deforestadores, terratenientes, dueños de canteras y otros “podero$os”, la fiscalía ni se inmuta, no ve, no oye, no huele nada. ¿Por qué $erá?
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Ahí está la fiscal Zunilda Ocampos, por ejemplo, gran experta en estas cuestiones. Dicen que en su unidad se amontonan las denuncias sobre grandes delitos ambientales, pero en su mayoría, los casos ya están “arreglado$”. Eso sí, cuando los denunciados no tienen poderío económico, rápidamente son procesados, acusados y llevados a juicio. ¡Ndaipóri perdón!
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Tremendo problemón tienen los moradores de la fracción Mburuvichá II del Km. 13,5 de Minga Guazú; hace dos décadas están luchando para recuperar las calles que fueron usurpadas por personas inescrupulosas, que simplemente construyeron sus casas en los espacios públicos, que quedaron reducidos a estrechos pasillos, por los cuales resulta imposible circular con vehículo. Inclusive la municipalidad ya ordenó la demolición de esas casillas precarias, pero hasta el momento, nadie le da bola a la orden. ¡Que notable, che!
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Durante un control en Misiones, Argentina, los gendarmes encontraron escondidos en un camión que transportaba muebles nada menos que cuatro toneladas de marihuana “made in Paraguay”. Por supuesto, los de la Senad y Antinarcóticos de nuestro país nunca “olieron” absolutamente nada, porque están en otras cosas. ¡Corruptos!
