Es espantoso que Ciudad del Este siga teniendo una Junta Municipal con una mayoría que de modo rastrero se somete totalmente a la autoridad de un jefe comunal, genuinamente fantoche, codicioso y malviviente. Si bien por naturaleza los iguales se aproximan para compartir vicios, es un bochorno lo que se da sesión tras sesión en una corporación legislativa que más bien tiene matices de organización mafiosa para delinquir.
Y sin lugar a dudas, resulta absolutamente difícil poder determinar diferencias entre ediles prietistas del presente, con concejales zacariistas, llamados por los hoy al mando como el oscurantismo comunal, donde no se cuestionaba, se obedecía sin titubear a designios ejecutivos para el robo y se defendía lo indefendible si fuere necesario. ¿Algo igual al presente?
Bastardos concejales que se hacen llamar diferentes, pero actúan patéticamente en corporativismo para el desprecio al control del uso de la cosa pública. Valeria Romero,
Oscar González, Sebastián Martínez Insfrán, María Portillo, Pedro Javier Acuña, Víctor Torales, Christh Alison Anisimoff, no representan intereses ciudadanos, sino son vulgares perros al servicio de la organización que protege la delincuencia de cuello blanco, que tiene como jefe de fachada a Miguel Prieto. Los Jara, Aguinagalde, Ruiz Díaz, Álvarez, Morel, Domínguez, Cabral, quedaron como nenes de pecho en genuflexión y “rastrerismo”.
Lo mismo que igual, incluso mejorando la desvergüenza. No quedó en el pasado lo de bajarse los pantalones públicamente y todavía agradecer por ello, con tal de obtener lucro indebido para la organización seglar a la que se pertenece.
No se cumplió en estos dos periodos al frente de la comuna esteña función al menos cercana a lo de ser contralores, por lo que se reúne requisitos sobradamente para ser inútiles.
Las cosas no cambiaron en la capital del Alto Paraná, y ni con todo el “Blue Beam Project”, es sostenible el intento de hacer creer que se cumple con preceptos básicos de la transparencia y correcto uso del dinero de los contribuyentes.
La Junta es una instancia de gasto, sin utilidad real, por lo que si por obra divina desapareciera, no alteraría absolutamente nada, al menos en lo que refiere a labores.
Los concejales oficialistas del Este, solo representan a los antojos y desperdicios del ejecutivo liderado por el “monje negro”, donde por su propio grado inferior, Prieto se presta a placer al maestro elegido.
No es un exagero lo expuesto, sino una triste realidad, donde el anhelo del cambio de realidades, ha originado el cambio de seis por media docena.
Quizás habrá existido buenas intenciones, pero socavados por la codicia de algunos, que como bola de nieve en la pendiente de hielo creció al punto de estar involucrados en un pestañeo.
Colocar a parejas, amantes, familiares en cargos municipales, no es solo inmoral para colorados. Pactar con políticos a cambio de puestos de asesores, costeados con dinero de todos, no es solo reprochable para otros.
Es irrebatible el dolo puesto en práctica en la administración comunal, en todas sus formas, y que irremediablemente activa la memoria hacia quienes supuestamente eran los bandidos, pero llamativamente se siguen los mismos pasos, con la diferencia que en lo contemporáneo ni siquiera se disimula o ruboriza.
