Las improvisaciones notorias

Existen asuntos absolutamente negativos para cualquier gestión vinculada a la función pública, como la colocación de improvisados, malvivivientes y desinteresados en cargos claves. Algunos más notorios que otros, como el caso del IPS.

La desinteligencia y la falta de empatía de los consejeros del Instituto de Previsión Social de Paraguay han quedado al descubierto con la reciente gestión del censo de jubilados. Este proceso, que debería haberse llevado a cabo con un enfoque cuidadoso y respetuoso, ha demostrado una alarmante falta de planificación y consideración hacia las personas mayores, quienes merecen ser tratadas con dignidad y respeto.

El censo de jubilados del IPS ha expuesto una improvisación preocupante en la gestión de cargos fundamentales dentro de la institución.

Los consejeros, quienes deberían velar por el bienestar de los jubilados, han demostrado una desconexión total con la realidad de estos ciudadanos, muchos de los cuales enfrentan desafíos significativos relacionados con su salud, movilidad y acceso a la tecnología. La falta de previsión en la organización del censo ha generado confusión, ansiedad y malestar entre los de tercera edad con beneficios, quienes se han visto obligados a cumplir con requisitos que no consideran sus limitaciones.

Esta situación pone en evidencia no solo la incompetencia de los consejeros, sino también la urgente necesidad de una reforma profunda en la manera en que se gestionan las políticas públicas que afectan a los sectores más vulnerables de la sociedad.

La torpeza natural u ocasional en la toma de decisiones no pueden seguir siendo permitidas en instituciones que tienen la responsabilidad de cuidar y proteger a quienes han trabajado toda su vida para contribuir al desarrollo del país.

Es también un hecho de corrupción colocar a ineptos en cargos de relevancia, así como aceptar altas responsabilidades siendo mediocre. Toda praxis equivocada tiene resultados correspondientes, no siendo inocuas consecuencias.

Tanto en lo previsional, como en la genuina función estatal, todo error, mal proceder, no puede quedar como anécdota, pues precisamente la ineficiencia impune origina padecimientos y despilfarros. Nada de bueno puede resultar de pocos aptos, ni por inercia.

Se repiten incongruencias, pese a malas experiencias relacionadas con la falta de noción sobre administración y la integridad personal.

Pero es importante poner de manifiesto que reclamos y críticas públicas son elementos de reingeniería, capaces de al menos generar rubor en altos mandos sobre errores groseros. Los desatinos tampoco pueden ser tolerados por quienes sufren las consecuencias, por lo que asumir roles de patrones pude reencaminar hacia lo correcto y útil para la generalidad.

La ineficiencia no es natural, o por generación espontánea, sino por erráticos al mando de organismos y entidades del Estado, por lo que colocar a “tuertos” no dice mucho de buenos estrategas. ¡¿Qué sabe el burro de caramelos?!

Las direcciones con personas correctas ayudan a dinamizar acciones públicas.