La salud pública que maltrata
No siendo algo novedoso o recientemente percibido, tanto en estamentos de salud pública como la correspondiente a previsional, siguen primando necesidades, desinterés hacia las personas y malos tratos a pacientes.
De la misma forma, el desinterés de los poderes del Estado para tratar de mejorar el fundamental servicio público, es absolutamente el mismo de antaño.
La falta de medicamentos, insumos, instrumentos médicos y especialistas, acompañan el día a día de nosocomios donde el paciente en verdad debe pedir a su enfermedad ser paciente. Para completar lo inalterable, sigue la presencia de carentes de vergüenza e ineptos galenos que juegan a ser médicos, prolongando males y hasta originando muertes evitables. No es ninguna leyenda urbana, sino padecimiento de cientos de personas desesperadas por alcanzar curas a sus males.
Entonces, en esta ecuación compuesta por sumas de penurias de la gente, retrasos en atenciones, desprecio de autoridades y malos tratos hasta del perro en hospitales estatales, dan el resultante de lo denigrante.
Cada paraguayo, esperanzado con alguna atención médica, ni siquiera de calidad, pero al menos digna, no puede seguir mendicante de buenas voluntades, luego de esperar horas en largas filas compartidas de necesidades, para en el mejor de los casos confirmar que está enfermo.
Nadie apunta a la generación de milagros por parte de médicos y enfermeras, sino a un trato correcto, humano y de extremo profesionalismo. Se les pide lo mínimo y en muchos casos ni siquiera se llega a lo mediocre.
Pueden rasgarse las vestiduras de la hipocresía, desde directores de hospitales hasta el último personal de blanco, pero llamativamente el silencio reina cuando apañan a médicos de guardia que prefieren dormir o ausentarse antes que atender en tiempo y forma a desesperados por el dolor, dar diagnósticos irresponsables sin seguir protocolos básicos, aprovecharse del prójimo anteponiendo negociados y para colmo denigran. No es la generalidad, pero que notoria es esa “minoría”.
El hacerse del ñembotavy y no comprender que lo descrito es realidad de ayer y de hoy, es tomadura de pelo extremo al pueblo.
Todo lo que tiene que ver con la falta de empatía de funcionarios públicos, merece padecer lo mismo, a ver si hay aprendizaje de recomposición de valores. Todo maltrato de médicos y funcionarios es inadmisible, y viceversa.
Toda lo que es ajeno al respeto de la dignidad humana, incluyendo la desatención, desinterés al dolor ajeno, estando obligado por juramentos y salarios, es tan cruel como denigrante.
Hay que aplastar egos de mediocres que tratan de disimular soberbias con batas y chombas, adornando cuellos con estetoscopios, y a quienes se creen superiores por estar frente a una computadora como personal administrativo de un ente previsional.
Incluir al padecimiento físico vejámenes ya no debe ser la cotidianeidad de ciudadanos dolientes, que cargan con la cruz de la pobreza material. La salud pública que maltrata no debe seguir siendo normal.
