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Miércoles, 9 de septiembre de 2026 Ciudad del Este, Py 20°C
Editorial

La necesidad de actos correctos

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La ciudadanía siempre está en la espera que las actuaciones oficiales estén basadas en el interés general, en lo debidamente correcto. Direccionar conductas y decisiones fuera del deber, es lo que denigra confianzas y esperanzas en mejorías del país.

En teoría, todos los referentes nacionales y locales deberían resaltar por posiciones esperadas por el pueblo, independientemente a coyunturas o presiones. Todo quien ocupe cargos en la estructura de los poderes del Estado, deben afanosamente ocuparse del bienestar de la comunidad en general, pero saliendo de los papeles esto no precisamente es lo que se tiene.

La realidad atropella, pues existe una carencia enorme de actos correctos, donde todo lo que se plantea desde instancias de poder primero debe corresponder al interés personal, luego a los partidarios y por suerte por último al pueblo.

La clase política falta a preceptos fundamentales de la esencia del rubro, por lo que difícilmente pueda cumplir con su cometido. La búsqueda del bien común es la menos realizada.

El patriotismo es solo retórica en muchísimos de los casos, por lo que de momento hay más de chistes de mal gusto en conductas lejanas de la dirigencia.

Lo correcto, la integridad y el interés superior, hasta la fecha no dejan de ser hermosas palabras de tiempos electorales.

La honestidad en estamentos oficiales ni siquiera debería ser exigible, pues se da como un hecho que “no robar” no es solo una cuestión bíblica, sino natural y legal.

La única manera que el  Paraguay concrete el cambio anhelado por la mayoría es aplicando valores humanos básicos, desde autoridades principales hasta la ciudadanía. No hay secretos, sino cumplir cada quien con su rol, dentro del marco de la transparencia y trabajando  con eficacia por objetivos gubernamentales.

Lo justo y útil no pueden seguir siendo opciones, sino obligaciones comunes de referentes, sean ellos del Gobierno central, regional o comunal.

Se necesitan más ejemplos de integridad en la función pública, y primordialmente de los organismos juzgadores.

De la misma forma, los miembros de la sociedad deben optar por lo correcto y asumir el cumplimiento de deberes y obligaciones, en la misma medida de exigencias a sus representantes.

El involucramiento de la población en asuntos de su interés, da mayor garantía de trayectos adecuados desde el poder.

Si se tuvo mucho de lo incorrecto, es también por culpa de la apatía ciudadana, que tiene un altísimo nivel de tolerancia y enojo selectivo, que hace de su opinión poco influyente, casi inocua. Las acciones correctas ya no deben ser objetos de negociaciones, sino de ejercicio cabal para el bien de todos.