Conservar para conservarse

La conmemoración del Día Internacional de los Parques Nacionales, cada 24 de agosto, tiene como finalidad primera recordar que proteger un parque nacional significa proteger una parte esencial de la vida, del agua, de la biodiversidad y del futuro de un país.

Paraguay posee un patrimonio natural que incluye espacios como los parques nacionales Defensores del Chaco, Médanos del Chaco, Paso Bravo, Cerro Corá, Ybycuí, Caazapá, Ñacunday, San Rafael, Serranía de San Luis y Teniente Agripino Enciso, entre otros. El propio Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) identifica a estas áreas como espacios destinados a conservar ecosistemas, especies, paisajes y valores históricos y culturales.

No son simplemente extensiones de monte donde la naturaleza tuvo la suerte de sobrevivir antes su destructor implacable: el ser humano. Son reservas de vida.

El Parque Nacional Defensores del Chaco, por ejemplo, protege una enorme muestra del Chaco Seco y especies emblemáticas como el yaguareté, el taguá y el tatú carreta. Médanos del Chaco, además, contiene sectores relevantes del Sistema Acuífero Yrenda y del río Timané, demostrando que conservar un bosque también significa preservar recursos hídricos indispensables.

En el Este, el Parque Nacional Ñacunday protege remanentes del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas de mayor importancia biológica, y constituye refugio para especies amenazadas.

El desafío, sin embargo, comienza después de declarar un territorio como parque nacional. Un decreto no detiene ninguna motosierra, una ocupación ilegal, la cacería furtiva ni el avance irresponsable de actividades que destruyen los ecosistemas. Hace falta presencia institucional, guardaparques suficientes, recursos, vigilancia, investigación, educación ambiental y planes de manejo que no existan solamente en los papeles.

El cambio climático, la deforestación, los incendios, la fragmentación de los bosques, la contaminación y la presión sobre los recursos naturales harán todavía más difícil la tarea durante las próximas décadas. Por eso, conservar hoy no es un gesto romántico de moda  hacia la naturaleza, es una decisión de supervivencia. Conservar para conservarse.

También corresponde cambiar la relación ciudadana con estos espacios. Visitar un parque no significa tener licencia para ensuciarlo, destruirlo o convertirlo en escenario de comportamientos irresponsables. Conocerlos debe conducir a valorarlos; valorarlos, a defenderlos.

Los parques nacionales son los pulmones del Paraguay. Y ningún país puede darse el lujo de destruir sus pulmones mientras pretende respirar desarrollo.

Por ello, la conmemoración debe servir, para asumir que cada hectárea conservada es una reserva de futuro y que lo que hoy se destruya no se recuperará.

La responsabilidad es de la presente generación, por lo que actuar en pos de la conservación y crecimiento de estos santuarios verdes, es obligación moral de ciudadanos y del Estado.