Sin lugar a dudas, el reciente caso de espionaje cibernético sufrido por el Paraguay desde territorio brasileño, confirmado por las mismas instancias causadoras y con información ampliada, en el contexto de las negociaciones sobre Itaipú Binacional, no puede ser minimizado ni tratado como una anécdota más en la ya compleja relación bilateral. Se trata de una grave amenaza a la soberanía nacional, a la integridad de nuestras instituciones y, sobre todo, a la protección de los intereses estratégicos del país.
En un mundo contemporáneo, donde las guerras ya no se libran solo con fusiles, sino con teclados y códigos, la ciberseguridad debe dejar de ser una asignatura pendiente, pues los vínculos también son ineludibles.
Paraguay no puede seguir funcionando como un Estado analógico en una era de imperio digital.
La filtración sucesiva de datos de ciudadanos, la vulnerabilidad de redes oficiales, incluso la del propio Presidente de la República, y esta grave incursión extranjera en procesos clave de negociación internacional, son pruebas irrefutables de que estamos desprotegidos, con los pantalones más bajos de lo que se creía en el rubro dentro del cual no existe forma de evitar. El que queda atrás, “muere”.
Invertir en ciberseguridad es obligatorio en este tiempo. Es una necesidad imperiosa. La custodia de la información sensible, sea personal o estatal, tiene que tener el tratamiento de prioridad adecuado.
Hoy, la soberanía no solo se defiende en las fronteras físicas, sino también en los servidores, en los sistemas de comunicación, en la privacidad de las decisiones gubernamentales, en las reuniones de alto nivel.
En el mismo tenor, la diplomacia no puede ser un estamento de imberbes e inocentes. Debe también convertirse en elemento de generación de información sensible y dar por hecho que nadie porque los sonría dejará de buscar beneficios para propias naciones.
Este episodio es una oportunidad para sacudirse y ponerse pantalones largos ante la comunidad internacional.
No se trata solamente “qué dicen” desde Itamaraty, sino aprender de praxis propias de representaciones diplomáticas y consulares de países serios.
Actuar con firmeza, con visión estratégica y con compromiso de futuro.
La exigencia de una investigación, debe ser para contemplar qué hacer para mayor seguridad nacional en la era digital.
Hay que impulsar una profunda modernización en nuestros sistemas de seguridad digital. La inacción sería una invitación abierta a futuros ataques, y quizás del tipo donde no se dé tiempo ni de lamentarse.
Paraguay debe aggionarse al nuevo siglo.
No podemos seguir teniendo a referentes “inocentones” que escriben con lápiz lo que otros ya están pirateando con inteligencia artificial.
La protección de nuestros datos, nuestras decisiones y nuestros derechos digitales es una causa prioritaria y si se quiere patriótica.
