Existen momentos donde malvivientes de pura cepa, se presentan como víctimas de un sistema de vendettas, cuando en la práctica no deja de ser intentos de cubrir responsabilidades penales.
Sin negar en absoluto la podredumbre de la justicia, pero ser quien más utiliza lo hediondo para forzar trabas procesales, solo puede surtir efecto esperado en personas cegadas por el fanatismo e ignorantes por opción. Pero la tomadura de pelo no queda solo en exposiciones sesgadas de condiciones de procesos seguidos para determinar el robo de la cosa pública, sino hacen show de lo ridículo, atribuyendo descalificativos propios de conductas al frente de la institución municipal esteña a otros.
Hay terrorismo cuando se manipula contextos, y se impone herramientas chicaneras para destruir los plazos, presentándolo como un recurso de honestos.
Miguel Prieto y secuaces, han utilizados todos los componentes para evitar celeridad judicial, al fiel estilo de los Zacarías, por lo que el nivel de hipocresía lo coloca en el mismo peldaño delincuencial.
Existen hechos notorios que no requieren comprobación más allá de lo formal, por lo que cada traba impuesta por legalismos para expirar causas, también demuestra con meridiana claridad temores de sanciones debidas.
El robo de la cosa pública, la manipulación de licitaciones, el inflar precios para beneficio propio y de “amigas”, merecen la cárcel. No por que se tenga afiliación distinta, o apellido diferente, se debe aplaudir la marginalidad.
Un hecho punible amerita pena, guste o no a canes y gorilas pagados con dinero de los contribuyentes.
Se juega con la inteligencia de la gente mostrándose como el mártir, siendo la misma rata que despoja dinero, y busca con lucecitas y espectáculos cubrir ineficiencias y codicias. Pan y circo para persuadir a incautos.
Ser especialista en chicanas, no habla precisamente de honestidades.
El corrupto busca la impunidad, y todos ellos utilizaron populismos y trabas procesales para librarse de la ley. Prieto no tiene nada de diferente de los que se fueron de la comuna y a quienes atribuía la desgracia de ser liderados por inmorales.
Tomar partido por el simple hecho de detestar a oficialistas, no queriendo ver lo obvio de hechos deshonestos en la función pública, es lo que sustenta la vigencia de lo indebido en estamentos de poder.
De ninguna manera hay defensa de lo correcto, solo defensa de intereses propios.
De hecho que los funcionarios pagados por la comuna deben salir a poner pecho, y aplaudir como focas para seguir alimentados, por lo que apelar a objetividad no surtirá efecto en ese estamento. Pero si en la gente medianamente entendida, con capacidad de discernir. Sin medir quien es peor o mejor, la presente administración comunal no ha salido del molde lo mediocre y delincuencial. No se puede tapar al sol con un dedo, y más temprano que tarde todo queda expuesto.
