Inmoralidades

A modo ilustrativo, inmorales son aquellas personas que actúan en desprecio a las normas morales de costumbre general, y que obran a sabiendas de lo incorrecto. La moral está integrada por reglas que determinan para una sociedad lo que está bien y lo que está mal. Pese a creencias de que dichas pautas son sinsentido por la cuestión de concepciones individuales sobre lo correcto y lo incorrecto, la moral, así como lo inmoral son visibles y cumplen la función de unificador, de cohesión para la sociedad, permitiendo que existan conductas generalmente aceptadas entre individuos. Mentir, denigrar, manipular, robar, agredir, abusar, son inmoralidades. Incluso están penadas las comisiones de estos hechos, por lo que tiene altísima relevancia para cualquier grupo de seres humanos.

Pero existen posiciones “raras”, por no utilizar otro término, a la hora de juzgar estas inmoralidades, pues los criterios no son uniformes para todos los casos, existiendo distorsiones notorias por cuestiones de cercanías, camaradería, y por sobre todo intereses.

Y es así que un inmoral con todas las letras, no es tal por ser correligionario, amigo, hermano de logia, y cuestiones sanguíneas. Mientras que otros, enemigos políticos, o quienes no gozan de padrinazgos o utilidad para conglomerados, son parias y merecedores de la horca.

El mal mayor de transgredir normas morales y éticas no solo está en ese hecho, sino en la selectividad de indignación por ella. Y eso es también una inmoralidad.

Ser implacables en apuntar conductas ajenas, no precisamente siendo reserva moral, es una hipocresía descarada y direccionada, por lo que la población espectadora de cómo alimañas vestidas de senadores y diputados se disputan ser juzgadores de los de mismas calañas, no debería pasar desapercibido.

Hasta pareciera chiste que vínculos con el narcotráfico, con el robo de la cosa pública, con el tráfico de influencia, pesen menos que vídeos íntimos de un colega de baja monta intelectual y moral.

Sin lugar a dudas que desviados sexuales no deberían estar en estamentos representativos, pero no es menos cierto que hay mucho más de inmoralidad en la conducta de casi la generalidad de actores del poder. Lanzar a la hoguera a chivos expiatorios ha sido práctica apaciguadora de las masas que se conforman con pan y circo.

Las buenas costumbres deben ser rectoras de todos, siendo la única manera de una armónica convivencia en sociedad.

La posición política o el caudal económico no pueden seguir siendo determinantes para gravedad o levedad de inmoralidades. La liviandad es mucho más notoria en autoridades, pues se autocomplacen con dinero de la gente, por lo que sí debe ser sometida a escrutinio y por ende castigado. Seguir con el modismo de tener a ciudadanos de primera y segunda, perpetúa el desarreglo en las buenas costumbres.

Todas las inmoralidades tienen que pasar por el mismo cedazo recibiendo cada una de ellas lo que corresponde, independientemente a protagonistas.

La impunidad es la inmoralidad a ser combatida y erradicada.